Desde que recuerdo he tenido ese puntito friki, me viene de familia y me encanta.
Es también lo que le da alma a mutantu.
Podría decirse que me crié entre maratones de sábado por la mañana llenos de dibujos (X-MEN, Scooby-Doo, etc) y repasando carátulas VHS por las estanterías del único videoclub que había en mi pueblo. Allí descubrí (y me enamoré) de multitud de títulos, sobre todo slashers de los 90, clásicos de la ciencia ficción o joyas nostálgicas como los Gremlins.
(FUN FACT: Recuerdo que al solicitar de niño con mi tito Pedro el carnet de socio del videoclub nos dieron el número 001).
Supongo que ahí comenzó mi atracción por el mundo de la imagen y el poder de las historias.
Todo lo relacionado con lo visual lo disfruto muchísimo. Y por eso me he formado siempre alrededor de la imagen: fotografía, cinematografía, diseño, 3D, etc. Es una habilidad y un refugio.
Por eso fue una solución natural a una situación difícil cuando a inicios de 2020 la mayoría de nosotros tuvimos que permanecer confinados en casa y vimos sacudidos los cimientos de mucho de lo que dábamos por sentado.